La situación creada después de las
elecciones en Castilla la Mancha tiene un efecto incontestable. El
“bonismo” ha sido desmantelado. Que ello se haya producido
mediante la irrupción de una marejada de votos del PP es irrelevante
en términos políticos porque en esos términos, los tradicionales
de la oposición entre los conceptos de izquierda y derecha, no
existe diferencia entre el PSOE y el PP y mucho menos entre el
“bonismo” y el PP.
La estructura de infiltración en las
instituciones públicas y financieras de la región puesta en marcha
por José Bono –antiguo falangista y postulante a la Guardia de
Franco, la organización de élite de la Falange, no lo olvidemos–
no tiene nada que ver con principios y mucho menos con el
posicionamiento junto a una clase social.
El “bonismo” sólo y exclusivamente
ha sido un mecanismo de apoderamiento de los presupuestos públicos y
del crédito y, a día de hoy, los hechos conocidos: Seseña, CCM,
aeropuerto de Ciudad Real, Reino de Don quijote, créditos de CCM a
las tramas de la operación Malaya, etc. etc. etc.; no dejan ninguna
duda al respecto. Sólo los consumidos por la devotio iberica
lo pueden negar, bien porque son incapaces de ver más allá del
nomen iuris “socialista” que acompaña a lo que quiera que sea el
PSOE, bien porque han visto hipertrofiarse su panza llenándola con
los manjares del saqueo.
El PP,
posiblemente o con toda seguridad, no hará otra cosa muy distinta.
En eso se ha convertido la política, el gobierno de la cosa pública,
en España, pero hoy por hoy lo previsible es un acto en potencia, lo
del “bonismo” ejemplificado magistralmente en el florecimiento de
Hípica Almenara y del entramado empresarial de José Bono y su
familia, es un acto real.
Así
las cosas, igual que en Extremadura, cuyos tentáculos manchegos ya
se apuntaban en el artículo publicado en este blog y titulado
“Tofiño y la urdimbre de las carreteras de Toledo”; en Illescas
(Toledo) Izquierda Unida se enfrenta a un dilema tramposo y
acuciante: apoyar a un, sólo nominalmente, partido de izquierda: el
PSOE; o desmantelar un poder deleznable a sabiendas de que pueda
estar abriendo paso a otro potencial de similar condición y
naturaleza.
Este
dilema, digo, es tramposo porque en realidad no existe. El PSOE no es
un partido de izquierda, si acaso lo son sus bases sociales, las
cuales, por cierto, han derivado claramente hacia el PP o se han
quedado, asqueadas, en su casa; pero el candidato del PSOE a la
alcaldía de Illescas, José
Manuel Tofiño Pérez,
además, es un individuo al que en 2007 Izquierda Unida denunció
ante la Fiscalía
Anticorrupción como
presunto autor de varios delitos relacionados con la corrupción;
cuyo apoyo a la especulación urbanística más descarnada ha sido
reiteradamente denunciado por IU; cuyos amigos constructores: Carlos
Durán, Aurelio
González Villarejo,
Román Conde
o los hermanos Díaz
Bermejo propietarios de
la constructora PEYBER,
entre algunos otros, han determinado, a la pacífica ciencia de quien
haya querido mirar, la política y el desarrollo urbanístico del
pueblo; cuyo hijo entró a formar parte de una de las empresas del
grupo PEYBER, cuyo hijo, coincidencias tiene la vida, se va a
trabajar a Bucarest al mismo tiempo que allí se asienta esa misma
constructora PEYBER –por cierto, asociada a uno de los principales
protagonistas del caso Gescartera–; Tofiño es el hombre bajo cuyo
mandato la redacción del Plan de Ordenación Urbana se adjudica a
una empresa domiciliada en una barriada chabolista de Illescas que,
por cierto, ha resultado tener vículos con CCF 21, una sociedad de
los testaferros de Roca, Carlos Sánchez y Adrés Lietor... Y así
podríamos seguir narrando la adjudicación a PEYBER de la
construcción de la comisaría de policía local del pueblo, la
notable coincidencia que llevó a Tofiño a estrenar un carísimo
Lexus 640 al tiempo que el Ayuntamiento que presidía firmaba con
TOYOTA un convenio muy ventajoso para la multinacional, etc. etc.
Por
tanto, como estos hechos y otros de igual naturaleza, niegan y
contradicen los más elementales principios éticos, pasan más allá
del tolerable cinismo que se puede consentir a un gobernante, la
alternativa de Izquierda Unida en Illescas no puede plantearse entre
acreditar un mal cierto para impedir un mal probable que, además, no
sería mayor, sino igual que el otro.
Si
izquierda Unida se niega a llevar imputados por corrupción en sus
listas electorales a mayor razón tendrá que negarse a dar poder
político a imputados de otros partidos y, aún a mayor razón,
deberá negarse a dar poder político a aquellos que la propia
Organización ha denunciado como presuntos corruptos, caso,
precisamente, en el que se inscribe José
Manuel Tofiño Pérez y,
por extensión su equipo de concejales, sin cuyos votos en los Plenos
municipales, los propósitos del tal Tofiño no habrían llegado a
ninguna parte.
No
veo, pues, que en Illescas IU se enfrente a ningún dilema. La única
postura que le cabe es mantenerse ajena a la pugna por la alcaldía
del lugar entre PSOE y PP y con el mismo rigor, vigilar y, en su caso
denunciar, cualquier acto, cualquier política, cualquier decisión
contraria a los principios que defiende o sobre la que recaigan
sospechas de delito, ya haya alcanzado la alcaldía Tofiño o el
candidato del PP.
Si
acaso, cabe una segunda alternativa. IU puede acordar un pacto con el
PSOE, pero en ningún modo con Tofiño o con quienes más claramente
se han significado en su círculo íntimo de poder. Si el PSOE, como
partido, quiere el apoyo de IU para hacerse con la alcaldía de
Illescas debe mandar antes a José
Manuel Tofiño, a Elvira
Manzaneque y a algún
otro, a consolar y a asistir en su duelo a Alejandro
Pompa y a los hermanos
Díaz Bermejo,
y proponer como alcalde a algún miembro aceptable de la lista de
electos.
De
otro modo, la credibilidad de IU se volverá más que discutible
pero, sobre todo, su razón de ser saltará por los aires. Si por un
automatismo ciego, pendiente sólo del nombre de las cosas y no de su
sustancia real, los votos que IU logra en las elecciones son
entregados sistemáticamente al PSOE, porque en él, como un andrajo
de su historia aún cuelga el calificativo, hueco y seco, de
“socialista”, al margen de programa político y de ética
pública, IU no tiene motivos para seguir existiendo y, como mucho,
le cabría integrarse, a modo de corriente política, tal y como hace
“Izquierda Socialista”, en el PSOE.
En
definitiva, que demasiadas cosas impiden que IU suscriba y convalide
lo hecho por Tofiño en Illescas y en la Diputación Provincial de
Toledo y que se haga cómplice de lo que pueda hacer en el futuro, y
sólo una argumenta a favor de lo contrario, a saber: el falso, vano
y aparente izquierdismo de un partido político que, desde hace
demasiado tiempo, no es más que una maquinaria hueca de
mercadotecnia electoral y de apoderamiento de lo público.
Izquierda
Unida no debe, aunque puede, dar la alcaldía de Illescas a un hombre
como Tofiño. Este personaje, que sin ningún rubor juraba que ni él
ni su hijo tenían o habían tenido nunca nada que ver con ninguna
empresa, ni de la construcción ni de ningún otro ramo, al mismo
tiempo que el Registro Mercantil le desmentía flagrantemente, debe
desaparecer de la vida pública; y si por razones obvias IU tampoco
puede optar por el candidato del PP, que no opte, que se vote a sí
misma y, luego, haga lo que debe: vigilar, controlar y, en su caso
denunciar corruptelas, corrupciones o delitos.

