Finalmente, Hernández Moltó,
el “inquisidor” de Mariano Rubio, el recto hombre político que
podía sostener la mirada a cualquiera, el amigo íntimo de José
Bono, el ex diputado, el ex consejero de la Junta de Comunidades
de Castilla-La Mancha, el destituido presidente de CCM; está
imputado a causa de los presuntos delitos cometidos durante lo que
bien se puede llamar el saco de la caja de ahorros manchega.
Esta imputación trae cuenta del
informe
elaborado por los inspectores del Banco de España y remitido
hace algunos meses a la Fiscalía Anticorrupción. Parte de ese
informe –que
se puede descargar desde este enlace– se ha filtrado a la
prensa y en él tienen protagonismo muy señalado los habituales
nombres que llevan años merodeando por los pasillos del palacio de
Fuensalida: Domingo Díaz de Mera, los hermanos Barco
Fernández, Antonio Miguel Méndez Pozo, Aurelio
González Villarejo e incluso la laureada Petra Mateos
Aparicio.
Simplificando las cosas, lo que en el
citado documento se destapa es la servidumbre sistemática del
aparato financiero dominado por la Junta de Bono y Barreda –es
decir, de CCM– hacia las operaciones de esos personajes, todos los
cuales mantienen una pública, manifiesta y reconocida cercanía
personal a los citados Bono y Barreda.
Coincidiendo con eso, la atención de
la política regional, ante el fiasco de la Caja, se ha centrado en
asuntos tan turbios como el demencial aeropuerto de Ciudad Real o el
misterioso agujero de la Fundación Virtus. En menor medida y sólo
debido al impulso dado a la causa por IU y especialmente por Cayo
Lara, también en el caso del Pocero de Seseña, donde por
no faltar, no falta ni la mafia calabresa, la 'Ndrhangheta.
Sin embargo son más las cosas
destapadas en Castilla-La Mancha y más concretamente en Toledo, que
provocan una acuciante preocupación. Recordemos algunos de las más
señaladas.
Allá por las postrimerías de 2006
Notitia Criminis reveló que el presidente de la Diputación
Provincial de Toledo, José Manuel Tofiño Pérez había
impulsado un proyecto de privatización del mantenimiento de las
carreteras de la provincia, del cual había resultado la concesión a
una de las empresas del grupo PEYBER de una contrata de 27
millones de €. Al mismo tiempo, los propietarios del mencionado
grupo crearon otra empresa –SISTEMAS ARQUITECTÓNICOS Y
URBANÍSTICOS– en la que participaba como socio el hijo del
señor Tofiño, un joven con los estudios de arquitectura recién
terminados. Denunciado el caso por IU, la Fiscalía de Toledo
consideró que no había nada que investigar en este asunto. Por su
parte, Tofiño y Gregorio Fernández Vaquero, otro alto
cargo del PSOE toledano, se apresuraron a contratar los servicios del
bufete Garrigues para intentar –inútilmente, a la vista
está– silenciar a este modesto blog.
También se ha revelado aquí otro
hecho que induce, inevitablemente, una viva sospecha. Se trata de la
presencia en el pueblo toledano de Layos de la llamada “Trama
Vasca” o “Trama Vasco-Malaya”, un enrevesado y complejísimo
entramado empresarial en el cual relumbran nombres como el de Javier
Arteche Tarascón –presunto testaferro de Juan Antonio Roca
e imputado en piezas separadas del caso Malaya– Luis Maya
Galarraga, Maria Eugenia Yeregui Kinkel, Ignacio Lasa
Georgas, etc. En este caso, no sólo la Fiscalía ha considerado
irrelevante el asunto, sino que toda, repito, toda la prensa, ha
guardado un reverencial silencio, pudiera ser porque asociado con
esos personajes aparece ahí –concretamente en la mercantil LAYOS
CASA CAMPO– el apellido Oriol e Ibarra.
La generosa financiación
dada por la Caja capitaneada por Hernández Moltó a Juan
Antonio Roca, a Pedro Román Zurdo y a Enrique Ventero
Terleira, es otro de los hechos escalofriantes acaecidos en
el entorno político-económico de la Junta manchega. Ya dije aquí
que CCM, según documentación que consta en el sumario del caso
Malaya, había
financiado a Roca la compra del palacio de Saldaña en
Madrid, pero también, como en su día revelaron Alejandra Ramón y
Javier Romera en El Economista, CCM ha prestado a algunos de los
cabecillas de la trama Malaya –entre ellos al propio Roca–
no menos de 200 Millones de €. Esta circunstancia no ha merecido la
atención de la Fiscalía y, parece ser, tampoco de la inspección
del Banco de España o, lo que es más sorprendente, de la oposición
regional.
Así mismo, y relacionado con lo
anterior, ha sido mínimo el revuelo levantado por el descubrimiento
de que CCM participaba en varias sociedades con el imputado en
Malaya, Enrique
Ventero Terleira y con el también imputado en pieza separada
del caso, Luis Portillo, el artífice de la quiebra de
Inmobiliaria Colonial.
No obstante, si hay un caso flagrante
en relación con esta vinculación de CCM con las tramas de
corrupción marbellíes, es el de la
finca Alcalvín de Bargas, tres millones de metros cuadrados
adquiridos en sospechosas circunstancias por la mercantil PUERTA
ORO TOLEDO y recalificada parcialmente bajo la autoridad del
alcalde de la localidad, Gustavo Figueroa Cid, vicepresidente
de la Diputación toledana y mano derecha e izquierda de su
presidente, José Manuel Tofiño.
Sobre la mitad de esta finca, cuyo
proyecto de urbanización está calificado como “medioambientalmente
inviable” se constituyó una primera hipoteca a favor de CCM
por valor de unos 30 millones de €. El plazo era de dos años.
Transcurrido dicho plazo sin que PUERTA ORO TOLEDO hubiera pagado a
CCM ni un céntimo del capital o los intereses del crédito, la Caja
de Hernández Moltó lo renovó el 15 de mayo de 2007 en las mismas
condiciones y por otros dos años. Esos dos años volvieron a
transcurrir sin que los propietarios de la finca pagaran
absolutamente nada del crédito recibido y así, el 13 de mayo de
2009, dos días antes del nuevo vencimiento y con CCM manifiestamente
en quiebra, la Caja presidida por Moltó volvió a renovar el crédito
de 30 millones en idénticas condiciones y sin ninguna penalización
o ampliación de garantías.
Pero si esta operación en sí misma es
turbia, el hecho adquiere un significado preciso cuando sabemos que
los propietarios de PUERTA ORO TOLEDO son, ni más ni menos,
que el “malayo” Pedro Román Zurdo, el socio de Roca y del
citado Román, Juan María López Alvarez, la constructora
SACYR y uno de los despachos de abogados más prestigiosos de
Europa, el bufete Cuatrecasas.
El caso mereció un amplio artículo en
El Mundo firmado por Cristina Caballero, pero ni la Fiscalía, ni la
oposición ni –por lo que se sabe hasta ahora– la Inspección del
Banco de España, han considerado la cosa digna de investigación.
Esta no es una relación exhaustiva.
Existen otros hechos que ensombrecen toda la política urbanística
de Castilla-La Mancha y, especialmente, de la comarca toledana de La
Sagra, fronteriza con la provincia de Madrid; hechos que atañen a
Illescas, a Carranque, a Borox, a Chozas de Canales, a Casarrubios
del Monte, por supuesto a Seseña, etc. etc., ninguno de los cuales
parece tener la suficiente relevancia penal ni reclamar una
investigación judicial o policial.
No obstante, para quienes consideran –y
yo lo considero así– que la situación española ha alcanzado un
estado de “corrupción endémica” tal y como la ha definido el
Parlamento Europeo en el Informe Auken y que, por lo
tanto, es obligación cívica sospechar, investigar y denunciar; lo
conocido hasta ahora en Castilla-La Mancha –aunque no sólo ahí–
dibuja una evolución preocupante en las estructuras de corrupción
política. Si habitualmente se identifica corrupción con cohecho, es
decir, con soborno, los datos disponibles pergeñan un esquema
sustancialmente distinto y mucho más perfeccionado.
Ya no se trata de que un constructor
tenga que pagar un soborno a un alcalde o a un responsable político
dentro de su ámbito de poder, sino de la creación de zonas
geográficas de monopolio a favor de determinadas empresas o grupos
empresariales vinculados más o menos abiertamente a los poderes
políticos de esos territorios. Tales grupos no solamente se
benefician de su privilegio monopolístico, sino de la disponibilidad
incondicional e ilimitada del crédito por parte de los gobernantes
regionales a través de las cajas de ahorro y, si llega el caso y así
es necesario, de la potestad de estos para modificar la legislación
aplicable y convertir en jurídicamente viable lo ilícito, si es que
no lo decididamente delictivo.
La crisis y el fiasco ladrillesco,
además de haber puesto al país al borde de la intervención y de la
liquidación del Estado Social, también han enervado estos nuevos
esquemas de corrupción que amenazan con barrer el Estado de Derecho
porque parten, precisamente, del mismo poder legislativo que los
debería combatir; pero no los han hecho desaparecer. Permanecen
donde estaban, a la espera de que vuelvan los buenos viejos tiempos,
y sólo una más que improbable reacción civil podrá estorbar el
desmoronamiento definitivo de la más elemental decencia pública.
Entre tanto, el actual alcalde de
Toledo, eterno delfín de Bono, Emiliano García Paje, ha
asegurado a la prensa que Hernández Moltó “no está imputado
por corrupción”. ¿No?.



