La reunión no ha tenido lugar en
restaurante exquisito o en oficina privada o en sórdido tugurio de
los frecuentados por hampones poco amantes de la publicidad, sino en
el propio Congreso de los Diputados. Así, tal y como informa El
Confidencial:
“José Bono abandonó el
martes (21 de diciembre de 2010) el hemiciclo del Congreso durante
más de media hora, tras levantarse el veto del Senado a los
Presupuestos Generales de 2011 y mientras se debatía la nueva ley
antitabaco, para reunirse en su despacho oficial de la Cámara
Baja con un emisario del promotor Francisco Hernando, El Pocero,
que realizó obras de mejora en la hípica propiedad de Bono –pagadas
por la firma Porcelanosa– y fue presuntamente favorecido por éste,
durante su etapa como presidente de Castilla-La Mancha, para
construir un polémico macrocomplejo urbanístico en Seseña
(Toledo).
Un portavoz oficial de Bono ni
confirmó ni desmintió a El Confidencial el encuentro del
presidente del Congreso con el periodista Alfredo Urdaci,
responsable de comunicación e imagen de El Pocero y mano
derecha del constructor. Urdaci, sin embargo, admitió, en
conversación telefónica con este periódico, que Bono le
recibió en su despacho, pero rehusó precisar qué asuntos
abordaron. 'Fue personal', se limitó a señalar. Y ante la
insistencia para que aclarase lo tratado durante la reunión, añadió:
'Personal, sin más'”.
El hecho coincide con unas semanas
pródigas –o más pródigas– en declaraciones de Bono.
Durante una fiesta organizada por los periodistas
parlamentarios, el Presidente del Congreso, además de hablar de
liebres, dedicó encendidos elogios a Gaspar Llamazares: “eres
de los políticos más honrados y mejores que yo me he encontrado en
mi vida” para añadir luego, refiriéndose a Cayo Lara, que
de él “no diría lo mismo que de tí” lo cual, lo digo sin la
menor ironía, enaltece mucho a Cayo Lara y debería preocupar
seriamente a Llamazares.
Poco después, el 16 de diciembre de
este mismo año, Bono, ante la noticia de que el Tribunal
Supremo había archivado a limine las dos querellas
presentadas contra él por presuntos delitos de corrupción, se
declaraba “muy contento” –de todos es sabido que las querellas
y denuncias presentadas contra políticos presuntamente corruptos
siempre tienen un efecto ciclotímico: primero producen una gran
tranquilidad. Todos los afectados declaran: “estoy muy tranquilo”;
para luego ser causa de extraordinaria euforia si la suerte les
acompaña– porque el Supremo le había puesto a salvo de un grupo
de “delincuentes y calumniadores”.
No determinó Bono, en este
punto, si los “delincuentes” y “calumniadores” eran los
responsables de la presentación de la querella, el diario La
Gaceta o el diario Público
o todos juntos incluyendo a
este modesto blog que tanto interés despierta entre sus seguidores.
Tampoco explicó que el Auto del Supremo rechazaba las querellas por
dos motivos: uno formal pues, se decía, no se especificaba en ellas
qué actos administrativos ilícitos se podrían corresponder con el
presunto soborno recibido. El otro, más de fondo, mantenía que no
era aplicable a la decoración de las habitaciones de la casa de
Olías del Rey y a la reforma de la casa de Salobre –pagadas por el
constructor Rafael Santamaría– la figura del cohecho
impropio puesto que para que eso sea así es necesario que la
única causa eficiente de la
dádiva –que el Tribunal no niega que exista, porque existe– sea
la condición de autoridad o funcionario público del presuntamente
sobornado, y en el caso de Bono, además de esta posibilidad, las
dádivas en cuestión también podrían traer causa de la relación
de amistad entre el constructor y Bono
o, incluso, de la relación de madrinazgo
entre la esposa de Santamaría
y una de las hijas del
de Salobre.
Pues
bien, así las cosas y sin una sentencia firme que haga efecto de
cosa juzgada este hombre, que se relame ya viendo el cadáver de
Zapatero
pasar por delante de su puerta, se permite el arrogante lujo de
entrevistarse con “un
emisario del Pocero” en su despacho oficial del Congreso de los
Diputados. Ya
me dirán si no es “problemático y febril” este siglo XXI.

