domingo, 25 de abril de 2010

Reyal-Urbis paga la decoración de la casa de Bono

La estrecha relación entre Rafael Santamaría y José Bono está empezando a despedir un fumus malus iuris muy preocupante... para Bono. Hoy La Gaceta publica que una de las sociedades de Rafael Santamaría se hizo cargo de las facturas de la decoración de varias habitaciones de la “Casa de Olías” por excelencia, es decir, de la casa de Bono en Olías del Rey (Toledo).

La cuantía de la dádiva —que significa “cosa que se da gratuitamente” por contraposición a “acometer con dádiva” que quiere decir “intentar o pretender cohecho o soborno”— en total 1.276.000 Pts., no justifica la fortuna de la familia Bono, pero delata una promiscuidad patrimonial que junto a la presencia de Ana Rodríguez Bono en el consejo de administración de REYAL-URBIS, puesto que abandonó precipitadamente cuando su padre aceptó volver a la política; los dos apartamentos de Estepona; la construcción de la “Casa de Olías” al fiado, al menos en parte; o la cercanía de empresas del grupo Reyal en el asunto del piso de la C/ San Justo; son cosas que ponen valor monetario a la estrecha amistad entre Santamaría y Bono, la cual tiene otra cara en los negocios inmobiliarios emprendidos por ese mismo Santamaría en Castilla-La Mancha, el más evidente de ellos, el otro engendro —el primero es el del Pocero en Seseña— inmobiliario de la región: Ciudad Valdeluz.

¿Por qué le paga Santamaría a Bono los gastos de decoración de su casa? ¿Por qué Bono acepta la dádiva con tanta desenvoltura? ¿Por qué se falsea el concepto de la factura y se escribe en ella “decoración piso piloto”? ¿No tiene Bono para pagar unos cuantos cojines de corazón y unas cuantas litografías con los conejitos de Beatrix Porter? ¿Por qué un “contable” estrechamente ligado a Santamaría —Fernando Montalvo Llanos— actúa como administrador de las empresas de Bono? ¿Pagó Bono su estancia o sus estancias en el hotel de Santamaría en Baqueira? ¿Utiliza otros inmuebles propiedad de Santamaría, gratia et amore, para su recreo y el de su familia? ¿Qué pintaba la veinteañera Ana Bono Rodríguez en el consejo de administración de un gigante inmobiliario como Reyal-Urbis? ¿Por qué tanta prisa en abandonarlo cuando su padre aceptó volver a la política? ¿Tuvieron los apartamentos de Estepona un precio de amigo? ¿Quién está pagando las reformas de la casa de la C/ San Justo y la estancia de los albañiles en Madrid? ¿Cuántas dádivas más tiene Bono que agradecer al amigo Santamaría? ¿Cómo ha correspondido Bono a tanta largueza y liberalidad si es que no tiene por hábito comer, vivir y regalarse a costa ajena?

Estas cuestiones son escabrosas, pero las hay aún más urgentes. Sabemos que Rafael Santamaría consta en el consejo de APEX 2000 como apoderado, la misma entidad en la que también estaba con el mismo cargo Giovanni Piero Montaldo quien, según informes de la UDYCO, pasa por ser el representante de la mafia calabresa en España.

Sabemos, también, que ese Giovanni Piero Montaldo pagó al ex alcalde de Seseña 700.000 € en las fechas en las que se aprobaba el PAU del Pocero, manifiestamente apoyado por el gobierno, primero de Bono y después de Barreda; y estamos enterados de que Rafael Santamaría y José Luis Sanz Arribas, el abogado y socio del Pocero, tenían negocios juntos durante el periodo que cubría la aprobación del PAU de Seseña, y que además les vinculaban con el escándalo de Terra Mítica, asunto que, por cierto, salpicó de lleno a Eduardo Zaplana, otro de los íntimos de Bono.

Por consiguiente, no está de más esta otra pregunta: ¿Ha tenido algo que ver APEX 2000 en los hechos de Seseña que investiga el Juzgado de Instrucción nº 4 de Illescas?

Hoy, La Gaceta, aseguraba que un ejecutivo de Génova —es decir, de la sede del PP en Madrid— ha recibido por vía de tres “mensajeros” distintos un inquietante aviso: “A nadie, tampoco a vosotros, conviene remover nada”.

Falso. Es posible que al PP no le convenga “remover nada”, es seguro que a Bono no le conviene. Hasta es posible —aunque lo dudo mucho— que tampoco le convenga al PSOE, pero a quienes sí nos conviene es a los ciudadanos, que no somos ni vasallos, ni siervos, sino que somos tanto como Bono y todos juntos más que Bono.


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