sábado, 16 de enero de 2010

El truculento Auto del millón de Euros

“¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros? ¿Cuándo cesará al fin esta desenfrenada y jactanciosa audacia tuya?”

El auto del millón de Euros dictado por el Juzgado de Instrucción nº 1 de Illescas (Toledo) va camino de convertirse, si no lo ha hecho ya, en el el escrito jurídico más famoso de la historia española.

Está fechado en día 23 de diciembre de 2009 y notificado el 13 de enero de 2010. En él se fija una fianza de “1.000.000” de Euros para que Manuel Fuentes garantice las posibles responsabilidades patrimoniales derivadas de una de las múltiples acusaciones del Pocero.

Esto, como ya todo el mundo sabe, ha sido “un error informático” (sic) porque lo que la Juez Carolina Hidalgo quería escribir era “10.000” y no “1.000.000”, y así lo hizo público el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha ―no el Juzgado nº 1 de Illescas― en un comunicado emitido el día 14 de diciembre de 2010.

Es verdad que entre 10.000,00 y 1.000.000 hay cierto parecido, pero es que en el Auto del millón de euros la cantidad está perfectamente puntuada, es decir, aparece 1.000.000 y no 10.000.00 y además, está perfectamente puntuada no una vez, sino dos: en la primera página y en la segunda y última, y además la rectificación, comunicada no por el Juzgado, insisto, sino por el Tribunal Superior de Justicia, se produce pasados 23 días desde que se dictó el auto y sólo después de que la noticia corriera como reguero de pólvora por la Red y por los medios de comunicación, todo hay que decirlo, gracias a que el propio Pocero la filtró en un arranque de exultante y precipitado alborozo.

Qué este Auto ha sido un error, no parece ofrecer duda alguna, pero sospecho que el error ha estado en infravalorar la reacción que iba a desencadenar.

Sea como sea, si algo está demostrando el caso Seseña, es que la sociedad civil española, agónica pero viva, aún es capaz de estorbar la soberbia, el arbitrio y la arrogancia de sujetos convencidos de que el dinero obra encantamientos.