domingo, 14 de junio de 2009

El equívoco episodio de la quiebra del aeropuerto de Ciudad Real. Una empresa de Díaz de Mera tras la petición de concurso

El aeropuerto de Ciudad Real ha vuelto desde hace unos días a la más rabiosa actualidad. Una sociedad, MONTREAL MONTAJES, a la que CR AEROPUERTOS adeuda 17 Millones de € ha presentado en los Juzgados de Ciudad Real una solicitud de concurso necesario de acreedores contra esta última.

El fiasco se veía venir. La continuidad del aeropuerto de Ciudad Real parece sólo depender de dos opciones: o se encuentra un comprador rápidamente, al menos para una parte sustancial de la sociedad o de sus terrenos, o se vuelca sobre él dinero público a discreción.

De hecho, según un informe de CCM al que se refiere El Mundo, CR AEROPUERTOS adeuda a distintas sociedades más de 126 Millones de Euros. La totalidad de su capital social asciende a algo más de 103 millones, si bien hay acordada desde el pasado abril una última ampliación de este capital por valor de otros 100 millones que no que está resultando muy difícil de cubrir.

Por lo tanto no se trata sólo de que la deuda a corto supere el activo circulante de la sociedad. Es, pura y sencillamente, que CR AEROPUERTOS se está quedando sin capital para hacer frente a sus deudas. De hecho la sociedad presenta aún signos de vida porque el Gobernador del Banco de España prohibió a los administradores de la intervenida CCM ejecutar los créditos vencidos y no pagados por CR AERIPUERTOS.

Sin embargo, ahora, a esta situación se suma el truculento episodio de la solicitud de concurso de acreedores y digo que esto es truculento porque la entidad que ha presentado esa solicitud es una empresa en la que participa el propio Domingo Díaz de Mera y en la que otra de sus sociedades, RUTESO APLICACIONES, es accionista mayoritario.

Así podríamos pensar que los propios accionistas mayoritarios de CR AEROPUERTOS se hacen el seppuku. Sin embargo el asunto o su truculencia no termina aquí. Poco después de difundirse la noticia de la solicitud de concurso, CR AEROPUERTOS anunció que ha presentado denuncia contra el presidente de MONTREAL, José Angel González Tausz, por estafa procesal, coacciones, realización arbitraria del propio derecho, etc. etc. Al mismo tiempo la sociedad del aeropuerto de Ciudad Real aseguran que la iniciativa de MONTREAL sólo busca adelantar el pago de los 17 Millones que CR AEROPUERTOS adeuda a ésta.

Y para dar a todo esto la emoción de un triple salto mortal, Domingo Díaz de Mera (en la foto) y los Barco Fernández se desvinculan de la decisión de González Tausz, asegurando que ellos, accionistas mayoritarios de MONTREAL, no tienen nada que ver con el asunto.

No obstante, acabe como acabe este turbio juego de equívocos, el incidente pone sobre la mesa una cuestión esencial. Resulta que los más importantes socios de CR AEROPUERTOS son, al mismo tiempo, acreedores de esta sociedad y, además, en cantidades fabulosas.

Este mecanismo presenta una curiosa vertiente. Resulta que estos socios, Díaz de Mera, Barco Fernández, Méndez Pozo y González Villarejo, fundamentalmente, financiaron su inversión en el aeropuerto de Ciudad Real con créditos de CAJA CASTILLA-LA MANCHA y garantizaron esos créditos con las propias acciones de CR AEROPUERTOS.

A su vez, puesto que ellos eran quienes decidían, se convirtieron, al menos en el caso de Díaz de Mera, en proveedores de su propia sociedad, naturalmente transfigurados en otra personalidad jurídica. Así, por ejemplo, CR AEROPUERTOS adeuda 17 Millones a Díaz de Mera y sus socios de MONTREAL o 91,5 Millones a una UTE formada por ISOLUX ―la empresa de Luis Delso, también fuertemente participada por CCM― y SACYR, que ya estaba tardando en aparecer.

Ahora, con la inversión del aeropuerto convertida en ruinosa, este esquema de inversión y financiación se vuelve muy singular. CCM, capitaneada por el destituido Hernández Moltó, financió una inversión multimillonaria a unas personas estrechamente vinculadas al presidente del Gobierno Regional. Estas personas garantizan esos grotescos préstamos con acciones de la propia inversión financiada, es decir, no arriesgan un céntimo de su patrimonio pues si la ocurrencia llegaba a quebrar, CCM sólo podría resarcirse con las acciones de una sociedad en ruinas cuyo patrimonio se había adquirido con el propio dinero de la Caja, no con el de los socios que la habrían llevado a la quiebra.

Pero no acaba aquí la cosa. Como resulta que esos socios que invirtieron en el aeropuerto con dinero de CCM, son quines toman las decisiones ejecutivas en el consejo de administración del aeropuerto, nos encontramos con que, al menos en parte, ellos mismos, a través de otras «marcas» se hacen con contratos, también multimillonarios, para la construcción y dotación del aeropuerto.

De este modo tan simple, la inversión financiada por CCM se vierte en los bolsillos de unas empresas que pertenecen a quienes toman las decisiones en el aeropuerto que así se convierten en acreedores de su propia sociedad o, mejor dicho, de la sociedad de CCM porque, como hemos visto, bien por inversión directa, bien por financiación, el aeropuerto ha sido sufragado por CCM ―según la información hecha pública por El Mundo― en un 90%.

Si todo hubiera salido bien, Díaz de Mera, Méndez Pozo, Barco Fernández, González Villarejo y algunos otros, también habrían hecho un fabuloso negocio sin arriesgar un céntimo, pero las cosas parecen haber salido mal. Veamos qué efecto tiene o puede tener esta calamidad.

Si con el aeropuerto en quiebra o en vísperas de quiebra, uno de los socios mayoritarios de la entidad, pongamos Domingo Díaz de Mera, instara un concurso de acreedores, el resultado más significativo que esto provocaría sería que CCM tendría que ejecutar las garantías de los préstamos concedidos a los socios de CR AEROPUERTOS. Las garantías de esos créditos son las acciones de la sociedad, que CCM tiene pignoradas, puestas en prenda, para entendernos.

Lo malo del asunto es que las acciones de CR AEROPUERTOS, con la entidad quebrada, no valen ni el papel en el que están anotadas, así que los socios, que nada arriesgaron en un principio, nada pierden en el final pero, como además son acreedores del aeropuerto y tienen que cobrar por los servicios que se prestaron a sí mismos, CR AEROPUERTOS, tendrá que cederles la parte alícuota que les corresponda de los activos ―básicamente terrenos― que a fecha del concurso existan, activos que, en su práctica totalidad, han sido pagados con el dinero de CCM.

En resumen, que los millones de euros salen de la Caja de Hernández Moltó, llega a una sociedad en la que unos «socios» deciden contratar consigo mismos cobrando sus servicios del dinero que CCM les había prestado. Llegado el desastre, la Caja se queda con las acciones de una sociedad quebrada y los socios con el dinero contante y sonante que la Caja les prestó o, en su caso, con los terrenos que compraron, a precio miserable, con ese mismo dinero y que, curiosamente, el Gobierno Regional presidido por José María Barreda, amigo personal de varios de ellos, ha cambiado de condición multiplicando su valor ―de 54 céntimos m2, precio de adquisición expropiación mediante, a 300 ó 400 €/m2― mediante la modificación de la Ley del Suelo de Castilla-La Mancha. Conclusión: CCM pierde y los socios ganan, sí o sí.

No digo yo que esto sea lo que está pasando. Puede que el enfrentamiento entre Domingo Díaz de Mera, Barco Fernández o Larrañaga Arruti, con el presidente de MONTREAL, José Angel González Tausz sea completamente real. Puede que González Tausz vea como la aventura de sus otros socios le está arrojando a la quiebra y puede que sienta un terror pánico al calibrar las probabilidades de llegar a cobrar alguna vez los 17 Millones que se adeudan a su sociedad, pero lo cierto es que, en este momento, el concurso de acreedores de CR AEROPUERTOS no parece ser una catástrofe para Domingo Díaz de Mera, Aurelio González Villarejo y los demás, de ahí que todo el episodio resulte un poco demasiado ficticio.

Por último, hay otra cosa de suma importancia en la noticia publicada por El Mundo. Cuando CCM financió el aeropuerto de Ciudad Real, los socios del ingenioso negocio no sólo aplicaron esos créditos a la construcción del aeródromo, sino a dotar una aventura de la que todavía falta un análisis en profundidad: el desembarco de Luis Portillo y sus mesnadas en INMOBILIARIA COLONIAL.

Conscientes de la importancia y tamaño de la presa, Portillo, Koplowitz, Díaz de Mera, Aurelio González Villarejo y otros «constructores» de menor renombre como es el caso de Juan Gracia Jiménez, el propietario de PEINSA-97, aunaron fuerzas en la OPA lanzada contra COLONIAL. Ahora nos enteramos que esa OPA fue también financiada por CCM, pero de forma oculta o indirecta, es decir, a través de unos créditos dados y justificados para una cosa y usados para otra.