domingo, 18 de mayo de 2008

Las viviendas público privadas de Barreda

Alejandro Pompa no es un hombre “luminoso, pero sí un buen conductor de luz”. Iluminó la escena de Carranque, enseguida la de Illescas y su foco ya empieza a alumbrar las escalinatas del palacio de Funsalida.

Digo esto porque no estaría de más que, con la luz que refleja Pompa, se lea e interprete la “ocurrencia” de Barreda de promover “viviendas público-privadas” garantizando a los promotores la financiación y la compra con dinero público de sus promociones si estos no consiguen venderlas.

Cayo Lara, coordinador regional de IU en Castilla la Mancha considera esta “iniciativa” una forma de burlar el compromiso electoral de Barreda sobre vivienda protegida. Es cierto, pero hay que preguntarse por qué Barreda siente ese impulso tan irresistible, por qué necesita transformar en privado lo público, es decir, por qué necesita eludir las limitaciones y controles que impone la legislación sobre vivienda protegida. También, por supuesto, hay que preguntarse a quién beneficia el invento, cui prodest?

Este pacto por la vivienda, el “Pacto del Cigarral”, lo ha firmado Barreda con la Confederación de Empresarios de Castilla la Mancha, la misma organización, patronal o lobby, en la que tienen un papel muy destacado o dominante Aurelio González Villarejo o Domingo Díaz de Mera, ambas personas ligadas a José Bono y, por tanto, a Hernández Moltó, desde antiguo, como también lo puede estar otro “empresario”, Antonio Méndez Pozo, que alcanzó cierta notoriedad en Burgos hace algunos años y que, ahora, la está alcanzando en Castilla la Mancha.

El interés de estos y otros empresarios en el “Pacto del Cigarral” es comprensible. Lo que está en peligro no es sólo la inversión de la CCM o de la CAM en las 14.000 viviendas de “El Pocero” sino, por ejemplo, el tinglado de “El Reino de Don Quijote”, una mezcla de parque temático, gigantesca promoción inmobiliaria y acumulación de garitos de juego de azar; las 24.000 viviendas de Tofiño en Illescas; las 3.000 que, más o menos están en marcha en Carranque, el no inferior tinglado urbanístico de Borox, con alcaldesa consorte administrando una promotora inmobiliaria cuyo capital social alcanza, si no recuerdo mal, los doscientos millones de pesetas... Y todo esto cubierto por una impresionante madeja de “razones sociales” tras las cuales, siempre, acaban apareciendo, tenazmente, los mismos nombres y la misma estrecha relación, ya sea financiera o personal, con el poder político de la región.

La “ocurrencia” de las “viviendas público-privadas” puede interpretarse como una opción política, buena o mala, pero también como el síntoma de una infiltración irreversible del interés privado, en la cosa pública,de la transformación de la Cosa Pública en Cosa Nostra, de manera que “promotor” y “legislador” se confunden en un sistema perverso en el que la zorra cuida de las gallinas y en el que le ley se hace para garantizar sinecuras y canongías, beneficios, en definitiva, para los bolsillos privados de aquellos que hacen las leyes públicas.

Cayo Lara afirmaba, según publica Europa Press, que “esta medida tomada por el Ejecutivo regional es 'una cortina de humo' para incumplir los compromisos que adquirió en las elecciones de construir 50.000 VPO, 'saliendo con la historia de las VIPP que fomentan la compra de viviendas libres'”.

También aseguró que “el 'Pacto del Cigarral', como lo llamamos nosotros, ha nacido muerto y es un fracaso urbanístico, porque ha sido impulsado por unos cuantos promotores", y el apoyo de la ministra de Vivienda, Beatriz Corredor, "es puramente testimonial, ya que ahí tenemos la opinión de Pedro Solbes, de no apoyar a los constructores que han estado especulando estos años, que tiene más peso en el Gobierno que la opinión de una ministra que acaba de llegar”.

Es, creo yo, mucho más que eso, es el aviso de un mundo obsceno, que amenaza con llegar, si es que no está llegado ya, en el que el robo no puede ser delito puesto que es el ladrón quien hace la ley. La cuestión es ¿quién puede vivir en un mundo así? Nadie, me parece a mí, porque hasta la Cosa Nostra siempre ha tenido sus leyes.